Es necesario seleccionar cuidadosamente el caballo con el que vamos a trabajar. La raza no será una prioridad pero sí su morfología ,su inteligencia y su carácter. De temperamento sociable y que haya aprendido a confiar en el hombre, ya que vamos a trabajar codo con codo. Esto se consigue con conocimientos de etología.Ha de ser un caballo inteligente que aprenda con relativa facilidad. Debe también ser tranquilo, obediente y paciente pues el trabajo de  equinoterapia puede resultarle “aburrido” a veces. Trabajará prácticamente siempre al paso y lentamente según sea el usuario, para no aumentar su espasticidad o la hiperactividad. O a paso más activo y en ocasiones al trote y muy pocas veces al galope.
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